El Día del Padre es para detenernos y agradecer con el corazón. Para recordar esos abrazos justo cuando los necesitábamos, los consejos que al inicio molestaban pero después entendimos, y todos esos sacrificios silenciosos que hicieron por nosotros.
Los papás, abuelos, tíos y figuras paternas vienen en formas distintas: unos serios, otros bromistas; unos de palabras, otros de hechos. Pero todos nos enseñaron lo mismo: a levantarnos, a ser valientes y a creer en nosotros.
Hoy es el día de decir «gracias» por cada esfuerzo y cada muestra de amor. Un abrazo enorme para todos los que dejaron su luz encendida en nuestro camino
